Reconocimiento a la hospitalidad

Víctor Sierra, a la izquierda, recibe el título de Cónsul Mozárabe de la Asociación de Amigos del Camino de Córdoba. Foto L. O. Z.

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IRENE GÓMEZ Esta es una de las historias que alumbra el Camino. Una historia de amistad; la de un peregrino de corazón -también erudito de las rutas jacobeas- que un 19 de marzo de 1999 desplegó toda su hospitalidad con cinco cordobeses embarcados en la aventura hacia Santiago sellando una hermandad inquebrantable. Cuando Víctor Sierra vio en la estación de trenes a José Antonio Ortega, Rodrigo López, Rafael Garrido, José Antonio Fernández y Rafael Amaro con las mochilas y la insignia jacobea, inició una conversación que al día siguiente continuó con unos kilómetros de camino.

Tanta fue la empatía que Rodrigo le pidió al zamorano que le cogiera unas botellas de vino de Toro para recogerlas a la vuelta hacia Córdoba. La amistad dura hasta hoy y se ha prolongado a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Córdoba, con los que Víctor Sierra ha cultivado a lo largo de los años una relación estrecha que le ha llevado a pronunciar allí alguna conferencia sobre los caminos zamoranos y aquí a recibir con toda la hospitalidad a los peregrinos cordobeses.

Quien siembra recoge. Y un día Víctor recibe en su casa una carta de la asociación andaluza con un documento que daba cuenta de su nombramiento como Cónsul Mozárabe Andalusí. «Lo entiendo como un reconocimiento de una confianza, como si un trocito de la asociación de Córdoba estuviera en Zamora».

Y si antes de ello Víctor ya mostraba su generosidad, hoy el Cónsul abre su corazón a los peregrinos que llegan de aquella tierra. El último, su «hermano» Rodrigo que acaba de pasar, de nuevo, en su camino de Santiago por Sanabria. «Ahora siempre que saludo a Víctor le doy dos abrazos, uno a mi hermano y otro al cónsul», bromea el peregrino cordobés.

¿Qué tiene el Camino para que obre semejantes vivencias? «El Camino es como si pusieras el pie en una línea de energía, es como desprenderte de tu rutina para transformarte en una persona sin más; ves a todos el mundo con la mochila, todos somos iguales. Es como si te quitaras el caparazón y ves que el que pasa a tu lado es igual a ti», describe Víctor.

Y así lo dice la experiencia. Esa que puede unir a una holandesa y un catalán que acaban de coincidir en el albergue de Granja de Moreruela y continúan el camino juntos como si se conocieran; «es que en el Camino das por hecho que todos somos buena gente», certifica Víctor con la experiencia de tantos kilómetros quemando las botas, muchos en soledad.

Porque a este zamorano le gusta hacer el Camino solo; con honrosas excepciones, como la de sus «hermanos» cordobeses, con los que ha compartido inolvidables momentos por la sorprendente vertiente portuguesa.

¿Cómo empezó todo? Primero fue la historia, que tanto le apasiona, y luego el peregrinaje. Cuenta Víctor Sierra que en el año 93, estando de vacaciones por Galicia, llegó a Santiago de Compostela «y se me quedó grabada la imagen de dos personas mayores entrando en la Catedral y dándose un abrazo». Entonces quiso ser un peregrino más, sentir esa sensación. Y hasta hoy.

Ahora con más responsabilidad por ostentar ese simbólico título único de Cónsul Mozárabe Andalusí con el que le han agasajado sus amigos cordobeses. «Cuando voy no me tratan como un cónsul, me tratan como a un califa» bromea. Y es creíble cuando se escucha a su «hermano» Rodrigo mientras camina por Sanabria. «Además de ser una persona muy ilustrada acerca del Camino, Víctor es muy generoso, atiende a todo el mundo, te recibe con los brazos abiertos. Fue impresionante escucharle en la Iglesia de Santa Marta de Tera o cuando ha ido a Córdoba a hablarnos de los caminos por Zamora. Víctor se merecía un reconocimiento nuestro».

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